Inversiones: ¿Es posible tener una “década perdida”?
02.11.2022 00:06
Inversiones: ¿Es posible tener una “década perdida”?
En muchos sentidos, invertir es pronosticar. Los inversores compran (o venden) activos financieros basados en una expectativa. Después de todo, la ganancia yace en comprar barato hoy y vender más caro mañana. Lo que se busca es estimar la demanda en el futuro. En especial, lo que se busca es estimar el crecimiento de la demanda en el futuro en relación al presente. Para lograr eso, se estudian las probabilidades y las tendencias. Se sopesa, por ejemplo, el ambiente macroeconómico, la masa monetaria, la productividad, la demografía y el sentimiento.
El inversor a largo plazo es aquel quien, pese a la volatilidad a corto plazo, confía en un crecimiento económico continuo en un marco temporal más largo. El inversor a largo plazo es, en el fondo, un gran optimista. Este optimismo hace que el crecimiento se acepte siempre como el estado natural de las cosas y el decrecimiento se vea como un retraso pasajero. Entonces, para este individuo, la mejor estrategia es (siempre) comprar y esperar. Porque, tarde o temprano, los precios seguirán subiendo. Tarde o temprano, los precios del mercado serán superiores a nuestro precio de compra. La única solución es esperar. En otras palabras, la fortuna favorece a los pacientes.
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¿Simple? Bueno, me temo que esta explicación es demasiado simple. Esa visión no es incorrecta per se. Sin embargo, esa descripción requiere de ciertas aclaratorias. Porque, por lo general, todo este asunto de la inversión a largo plazo se presenta en su versión más incompleta. Muchos se apoyan en la narrativa del inversor a largo plazo para justificar sus errores de juicio en el pasado. Con frecuencia, esto se usa como excusa para ocultar que se compró caro y tarde en el ciclo. Muchas instituciones prometen villas y castillas para atraer clientes. Se apoyan en las predicciones alcistas para crear falsas expectativas. La gente, entonces, debido al FOMO, entrega sus ahorros, subestimando los riesgos. Luego, el mercado colapsa. El precio cae. Y los mismos que ayudaron en la creación de falsas expectativas ahora se tornan prudentes hablando de las bondades de invertir a largo plazo.
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